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Korn-Brandsen-Gobernador
Obligado 3 de septiembre de 2005 |
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| Narración de Fernando Castellanos | "En
busca de las estaciones perdidas II: La
maldición de los canes" Como a estas alturas los escribas habituales del 42x11 parecen haberse tomado licencia, me pareció oportuno tomar la posta de los relatos y pasar a redactar esta salida del sábado 3 de septiembre por la zona sur del Gran Buenos Aires. Se trató básicamente de una salida semi-exploratoria buscando caminos alternativos a los ya habituales y conocidos trazados almacenados en el GPS de los navegantes del 42x11. El contingente partió de la Estación Constitución así que yo enlacé con el grupo tomando el tren en Adrogué a las 9:17 hs. Allí me encontré con los amigos ciclistas que mate en mano iban amenizando el viaje. Estaban AleChan, AlePol en representación de los Megabikers, Marcelo, Dardo, Gino y el reaparecido Jorge. Habiéndome incorporado al grupo fuimos siete los que continuaríamos la saga "En busca de las estaciones perdidas, Episodio II". Ya en Alejandro Korn y luego de la foto de rigor, comenzamos a rodar rumbo a Domselaar buscando no apartarnos de las vías férreas que unen Constitución con Mar del Plata (para que se ubiquen aquellos que desconocen el ramal). Después de algunas idas y retomes pudimos encontrar un antiguo camino casi totalmente perdido al costado de la vía y que sólo es transitado por vacas y caballos que pastan en la zona. Cruzamos la ruta 6 por los rieles y luego volvimos a buscar ese camino desaparecido. Quedaron algunos vestigios de huellas y allí fuimos, prácticamente adivinando entre pastizales, lagunitas de barro, todo un poco lento pero muy divertido. Llegamos hasta un arroyo donde el antiguo puente del camino sólo era un esqueleto de hierro y al lado el puente ferroviario en uso. Hubo más fotos y continuamos el viaje, abriendo camino por la maleza. Así llegamos hasta un camino de tierra consolidado que nos depositó en Domselaar. En este pueblo hicimos foto en el cartel de la estación, luego visitamos su pintoresca capilla tan chiquita, antigua y sin cúpula que parece románica. Quisimos visitar el palacio Guerrero pero los auspicios de Alechan por convencer a la casera de dejarnos entrar fueron infructuosos y pese a la insistencia de que en la comitiva venía el mismísimo Alepolvorines, no tuvimos suerte. Luego de este fracaso partimos rumbo a las vías para continuar hacia nuestro próximo destino, Brandsen. Aquí también hubo fotos de la estación y luego buscamos un parador donde recargamos energías en forma de lomitos y hamburguesas... Una vez llenitos salimos un tanto renuentes en busca de lo que en su momento fue una estación al costado del cruce de la ruta 29 y las vías del ex Ferrocarril Provincial de Buenos Aires. No encontramos más que una escalera, un puente metálico y un terraplén ganado por los arbustos. Como no había nada para ver continuamos en dirección este-sudeste (para el lado de La Plata). El navegante Cristóforo Marcelo nos llevó con su aparatito mágico hasta la siguiente estación perdida, Gobernador Godoy, que está aún en pie y conservada. Más tarde el rumbo marcado serían otras paradas ya desaparecidas que de lo único que quedaba era el terraplén. Ya en camino de regreso cruzamos la ruta 215 y comenzamos a buscar un camino que figuraba en los antiguos mapas de los guías y en el famoso GPS (yo no veía nada pero allí estaba). Algunos osados atravesaron un pantano para llegar a él, otros no... emprendimos la retirada y al poco de recorrer veo que mi rueda delantera pierde presión, doy el aviso de alarma y procedo a cambiar la cámara. Continuamos viaje por caminos ya conocidos de otras excursiones hasta que el siguiente en pinchar fue Alechan, que cambia la cámara bajo la atenta mirada de un ternero. Volvimos al ruedo y en cercanías a Domselaar compruebo que vuelvo a pinchar la misma rueda: opté por no perder tiempo e inflar y seguir avanzando mientras durara; así seguiría mi trayecto pero Gino tuvo la mala fortuna de que un perro que salió al cruce se le atravesó en el camino, lo hizo caer espectacularmente, doblar la rueda y quebrar el puente de la horquilla delantera. Gracias a Dios y el Casco salió ileso, no sé que suerte corrió el perro pero no me importa. Ya un poco golpeados unos y cansados otros, continuamos rumbo a Korn por la ruta 210. Yo avanzaba, inflaba y salía a los piques. Así llegamos a Korn para tomar el tren de regreso. Fue una salida con muchos condimentos y algunos contratiempos pero en el balance lo considero positivo; aunque no encontramos algunas estaciones creo que sí encontramos lo que el maquinista vial nos preguntó al iniciar la jornada: "¿Andan buscando aventura?" |