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Nocturna. 19:25 en la Estación
Villa Ballester. El tren ya estaba en el andén. Saco boleto,
veo varios ciclistas, pero ningún cicloturista.
Me acerco al furgón.
-¿La ayudo, doña?
-Sí, gracias.
Subo pensando (para darme ánimo) que Marcelo subirá en Pacheco, son sólo
dos estaciones. El tren no sale a horario, espera a los trenes que llegan
de Retiro, demorados. Suben Horacio y Juan Manuel. ¡Bien, más
tranquilidad!
En Pacheco sube Marcelo.
Todo en orden hasta Campana, matizada nuestra charla por las risas y voces
de 4 amigos que comparten una botella de gaseosa llena de un líquido
amarillento dorado.
En Campana buscamos una pizzería. Nos acomodamos
en una de pizza libre, pero como nuestra cena iba a ser frugal, decidimos
buscar una común (no libre) por cuestión de
costos. (Aunque Horacio en realidad no quería hacerla tan frugal).
(Fotos 01 y
02).
A las 22 y algunos minutos partimos.
Pasamos por debajo de un puente donde en una
salida anterior nos habíamos
sacado fotos muy artísticas,
y luego por la entrada de SIDERCA y al cruzar la ruta nos internamos por
un sendero con bastante basura. Allí seguramente la cubierta de Horacio
adquirió el vidrio que nos obligaría a
detenernos un poco más adelante para cambiar la cámara.
(Foto 04)
MUUUUCHOOOOO, pero MUCHO calor. Cada vez que nos deteníamos el agua corría
por nuestra piel y los mosquitos pretendían su alimento. Pedaleando no se
sentían el calor ni los mosquitos.
Oscuridad. Las luces delanteras iluminaban, pero
yo me guiaba más por las luces rojas del que iba adelante.
(Foto
11) En
realidad, no veía nada porque los anteojos se empañaban un poco con el
polvo del camino y bastante con humedad (¿respiración, transpiración,
humedad ambiente?) pero si nos los sacábamos
recibíamos la andanada de bichos voladores. |
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Varias curvas y contra curvas, líneas rectas, una
arboleda de eucaliptos, siempre guiados sin error por Marcelo,
GPS mediante. ¡Qué
maravilla!.
Luego de una curva, vegetación alta a los costados, velocidad, huella
profunda que no vi, pierdo el control de la
bici, trato de recuperarlo y me topo con la otra huella, no, HUELLÓN, y
caigo... no pasa nada, sólo un raspón.
De algunos caseríos salieron los perros a saludarnos con sus
guau-guau insistentes, si se acercaban mucho los encandilaba con la luz de
minero que llevaba en la cabeza y rápidamente se callaban y volvían sobre
sus pasos.
En un momento, yo iba última pero cercana, tipo fila india y escucho desde
adelante que gritan: ¡CABALLO!, sin tiempo de pensar, y sin ver nada
escucho pasar por mi izquierda unos cascos al trote que golpean sobre los
pastos y unos resoplidos... Uuuuuh... ya pasó...
Lecciones de astronomía.
Buscamos en el cielo y en nuestro relojes la salida de la luna
(cuarto menguante) y nos entretenemos reconociendo estrellas y
constelaciones (Cruz del Sur, Orión, Alfa Centauro, el Puntero, Las
Pléyades, ¡la Vía Láctea!) y pidiendo deseos con
las estrellas fugaces... ¡Qué cielo!... Fantástico... Soñado...
(Foto 06)
Hasta que al fin... la vemos arqueada sobre el horizonte... rojiza,
enorme, radiante... acompañada por Venus... (Foto
10).
A medida que fue subiendo, en algunos tramos
pudimos apagar las luces pues su resplandor
alcanzaba para ver el camino.
Ya entonces el frescor de la noche se notaba... ¡placer total al
pedalear...!
Al llegar a Capilla del Señor decidimos terminar
allí el paseo y no continuar hasta Los Cardales
como estaba previsto (15 km más)... El tren ya
estaba en la estación y volvimos sin problemas acompañados por toda la
gente que viajaba hacia sus trabajos. (Fotos
15 y
16)
Al arribar a Victoria nos recibieron las luces
del amanecer... |